Textos #SemanaArq2017 - "El Gran Derrumbe", por Saúl Grimón de la Cruz

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Saúl Grimón de la Cruz, diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad de La Laguna, nos manda un relato inquietante... Gracias por repetir en la convocatoria de este año.


El Gran Derrumbe


Anduvo varias horas entre los cascotes de lo que habían sido modernas casas y edificios de diseño que bebían de la moda del momento. El día que todo cayó ya todo el mundo había huído. Aquel nuevo barrio, resplandeciente lleno de cientos de ejemplos de la nueva arquitectura había colapsado provocando la caída de cada estructura apoyada en pilares o paredes maestras. Todo bloque unido a otro en plano superior había perdido su sustento y había caído dejando un paisaje apocalíptico. Sólo aquella antigua casa… aquella sencilla casa del siglo pasado con fachada modernista, medio en ruinas y abandonada por el conflicto entre los herederos de su propietario que solo se ponían de acuerdo en dejarla morir de vieja, había conseguido salir indemne del colapso que se había producido meses atrás. Se encontraba en medio del barrio y apenas contaba con un balcón de mampostería, sobre el dintel de la puerta a modo de rosetón tres cavidades con forma de gota de agua, con unas carpinterías sencillas sin ornamentos y una estética totalmente disonante para el gusto de los nuevos moradores del barrio.

Ocurrió en cuestión de dos días. Unas enormes grietas comenzaron a mostrarse en cada muro pared o pilar de cada edificio. Como si un mal cancerígeno se adueñara de las estructuras deteriorándolas por momentos. El pánico no tardó en llegar y sus dueños huyeron cuando observaron que lejos de estabilizarse los edificios comenzaron a crujir y a sacudirse como si chillaran de dolor y se retorcieran buscando la mejor posición para no sufrir.

Al tercer día se escuchó un gran estruendo, ya todo había terminado. Súbita y sincronizadamente todas las estructuras colapsaron sobre sí mismas derrumbándose. Desde la panadería de la esquina a la casa del alcalde pasando por la biblioteca pública y la vivienda del carnicero.

Buscó sin descanso alguna pista que le permitiera conocer la razón de tal descalabro pero no atinaba con ningún rastro… No había en los materiales de construcción nada que pudiera orientarle hasta que cayó en la cuenta que la pista que buscaba la tenía ante sí todo el tiempo. Aquella casa debería explicar al menos por omisión por qué había sido la única que no había caído. Aquella bendita casa era su única pista.

Cuando por fin alcanzó la puerta, la noche era cerrada y sin luna. Una luz tenue se filtró por debajo de la puerta lo que le hizo preguntarse si tal vez estaría habitada. Mientras acercaba el oído a su superficie y tras un leve contacto la puerta se abrió hacia adentro mostrando un arco de profundidad incierta que, como una puerta a otra dimensión, comenzó a tirar de su cuerpo hacia su interior. El pánico se apoderaba de él al sentir cómo perdía el control de su cuerpo y caía con fuerza hacia el arco con forma de puerta.

Despertó desorientado en el otro lado. Miró a su alrededor y observó cómo la casa, que había perdido parte de su techo, se encontraba tan deteriorada como las que había dejado atrás y una ventana sin cristales ni pintura dejaba ver un barrio populoso con todos los edificios saludables y en pie. Aturdido se dispuso a regresar a la calle pero la puerta, que se había cerrado tras él estaba bloqueada y le cortaba el paso así como la ventana que automáticamente también se cerró. Al intentar encaramarse a una mesa deshecha para acceder al tejado por un hueco del techo la mesa se desplazó y cayó golpeándose la pierna.

- Fuiste tú!. Qué quieres de mi?! Contestó el albañil aterrado

La casa le contestó: - “O me arreglas o no sales”.

Saúl Grimón de la Cruz

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"El Gran Derrumbe", por Saúl Grimón de la Cruz.

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